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“Llegar a ser extremo, loco. El desmadre…” y “ser reconocido por el temor que metes a la ciudad que vas”, fueron las respuestas que obtuve de Elvis y Jimmy (nombres ficticios) luego de preguntar cuál es el objetivo de una barra brava como la Sur Oscura, identificada con Barcelona de Guayaquil. No hay donde ocultarse, las hinchadas organizadas son parte de la sociedad y son sinónimos de violencia.

 

Sí, el Ecuador tiene bien adentro el fenómeno de las 'barras'. El deporte más popular del mundo no solo trajo entretenimiento todos los fines de semana y un tema para discutir a diario. El rey de los deportes nos invadió en todos los sentidos. La identidad futbolística inicia con la pregunta de siempre: ¿Hincha de cuál eres? Y se ha transformado en grupos organizados que no piensan en ceder un paso ante un hincha contrario, ni en las gradas ni en las calles. 

Barras Bravas: Por el camino de la guerra

La barra brava puede ser un lugar, un grupo de amigos, una familia. Es otro mundo. Wlady Cruz, considerado un viejo integrante de la Marea Roja (identificada con El Nacional), brinda su propio concepto: “hemos podido pasar de ser una hinchada a ser fanáticos del equipo. En función de ir a todos lados, alentarles en las buenas y en las malas, entonces la Marea (Roja) ha sido una hermandad”. Así mismo, Esteven, un integrante más activo del mismo grupo lo expresa como “Mi entorno. Mi vida, loco. Mi sistema, lo único que me pude hacer feliz”.

 

Lejos del estadio, Daniel Pontón, sociólogo de la FLACSO, reconoce una evolución en el fenómeno de las barras bravas. “Es imposible que en el país tengamos una visión romántica del fútbol. Antes decían que tu te podías sentar con la camiseta de Barcelona y (otro) con la de la Liga (de Quito) a lado, tomando cerveza, viendo el partido con tu familia. Yo creo que estamos muy lejos de llegar a eso”, afirma.

 

La violencia es el tema clave. El fútbol es una prioridad para muchas personas. El sentimiento que despierta provoca lagrimas o felicidad instantánea. La imagen de los jugadores y del equipo es como de un ser muy cercano, a pesar de que la mayoría de hinchas no conoce más que el nombre y como juega. Pero ¿por qué este deporte es el catalizador de violencia?

 

 

Los cánticos son gritos de guerra, las banderas son estandartes, la unión es la fuerza...

El Estado ecuatoriano se ha involucrado en la problemática de la violencia en el fútbol a través del Ministerio del Deporte. Policía, ministerio, clubes y federaciones se comprometieron a fomentar un espacio de paz en los estadios a nivel nacional. La medida que tomó por sorpresa a más de uno fue remover las mallas divisorias entre tribuna y cancha, en el estadio Olímpico Atahualpa.

 

Según el capitán Diego Ganchala, jefe del circuito Iñaquito, la disposición se tomó gracias a conversaciones con líderes de ‘barras’ y a nuevos sistemas integrados de seguridad que se van a implementar. Todo sucedió luego de que septiembre de 2013, las autoridades ecuatorianas dispusieron una prohibición a bombos, banderas y otro elementos riesgoso. “Michu”, de la Marea Roja sostenía que se iba el folclor del fútbol “porque con un bombo no se ataca a nadie. Más bien un bombo se cuida, se puede dar hasta la vida y por una bandera igual”. Desde el punto de vista policial, quitarles estos objetos significaba reducir la violencia porque no tenían porqué pelear. Este tipo de medidas son muy similares a las que se tomó en Argentina.

 

Por ser el fútbol profesional ecuatoriano una de las competencias más jóvenes en el continente, el fenómeno de las barras bravas nacionales está en una situación menos crítica de lo que ocurre en países del cono sur. Allá, las barras organizadas reclaman barrios de las ciudades como suyos, amenazan abiertamente a jugadores, dirigentes y otros hinchas por dinero o resultados deportivos, o se enfrentan en peleas campales en las calles.

 

 

El 'aguante'

Este fenómeno social importó también el término, quizá más usado por los fanáticos: el “aguante”. Desde Argentina hasta Quito, los 'barras' hablan del “aguante”, como si fuera la escala de medición que refleja su poder, fidelidad y amor sobre el resto de barras bravas. “El aguante es ir cada domingo, pase lo que pase, que la gente viaje, que te des de quiños, ser buen puñete”, advierte Jimmy, de la Sur Oscura. Este concepto es la excusa perfecta para volver legal un comportamiento ilegal. La violencia es el efecto de la práctica del aguante.

 

El resultado deportivo es solo un motivo o excusa para insultar y agredir a los contrincantes. La realidad que vive el equipo en el campeonato es secundario. Las glorias del equipo: las victorias, los campeonatos conseguidos en el pasado son la base para fomentar lo que los barras llaman su pasión descontrolable. Para los barras no se negocia lo que representan. “Es que gracias al equipo existes, existimos, cachas. Gracias a las glorias de Barcelona existimos. El equipo vendría a ser parte de tu vida, de tu ser”, recalca Jimmy.

 

Machos

Como último rasgo que fomenta la violencia en las barras bravas está la masculinidad. No es necesario ser fanático para escuchar o incluso difundir chistes que señalen la orientación sexual de otro equipo. “¿Cuándo veo a un jugador de otro equipo? Chucha si es de la Liga: gallina, correlona, maricón, azucena. (sic) Full huevadas (risas). También locas, loquitas putas (sic). A los del Quito, taxistas amargos, siempre serán nuestros hijos”, revela Esteven. Esto es una derivación del pensamiento que concentra al fútbol como un deporte para hombres.

 

No solo entre contrincantes se puede encontrar rasgos de masculinidad, también en la interna de una hinchada se observan comportamientos que ejemplifican el poder masculino. La demostración de fortaleza es parte de los rituales internos de la barra. Quienes tienen el poder son los barras bravas. Si los barras deciden poner una bandera o llevar al grupo a una zona de la localidad, el resto de hinchas debe acoplarse y acomodarse para ver el fútbol bajo las disposiciones de la barra brava. Los jefes de la Marea Roja reconocen que los hinchas comunes no tienen intenciones de ser parte de las acciones, así que les ofrecen una opción. "Si se sienta allá puede también ver el fútbol. Aquí esta la barra", le dice uno de los precoces lideres a unas personas que estaban sentadas. La relacion con los aficionados comunes se simplifica a la ley del más fuerte, y en las tribunas los que tienen 'aguante' deciden.

 

El papel de las mujeres en la barra brava es menor. Si bien hay presencia femenina, tienen un rol secundario. Ellas se dedican a cantar y aplaudir. Muchas explotan su cuerpo para que la imagen de ‘fiesta’ o carnaval se mantenga presente.

 

El mundo de los barras bravas está definido bajo el puro instinto humano. Los policías y otras barras por medio de cánticos o con al menos su presencia ponen en riesgo esta imagen que han creado, de ahí su necesidad de demostrar quienes son los más bravos, valientes, con más 'aguante'.

 

Al “Ser Sur Oscura perteneces a un ideal y a un ritmo tan extremo, a otro voltaje, que llega a ser parte de tu vida”. 
 
Elvis, miembro de la Sur Oscura
Marea Roja, hinchada de El Nacional de Ecuador
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@ricardomene33

Amor y odio

La relación jugador-hincha es una historia bipolar de emociones. Por ejemplo, Jimmy compara el sentimiento entre ver a la Selección Nacional y al equipo de sus amores. “Tú alientas a tus jugadores 90 minutos, son los once titulares que pone tu técnico. En la Selección se mezclan de nuestros enemigos, Emelec, Liga. No les vas a ir a apoyar con la misma euforia, nof. Cachas, la Selección es juntarse todos y ser parte del saco, ni verga (sic) pues loco, vos eres barcelonista y solo Barcelona existe”, expresa.

 

Según los barras bravas, el apoyo y la presencia son vitales para el equipo, para la dirigencia y para otros hinchas. “La hinchada hace muchas cosas por venir a los estadios. Gente que viene de todo lado para apoyar al equipo, a veces deja de comer por ver al equipo”, revela “Nacho”, un experimentado aficionado que hoy se declara independiente de cualquier 'barra' pero que en las gradas se apega al grupo. Por otro lado, Wlady Cruz habla sobre el “derecho por (ser) hincha: quienes son parte de la 'barra' merecen un trato especial, permisos para tal o cual cosa, rebajas en las entradas, atención por parte de la dirigencia, respeto de los hinchas comunes.” (“Wlady”, 2013) Es que la labor que realizan, según ellos, debería ser considerada por el resto. Porque están en las gradas por el equipo, sin que nadie se los pida.

 

Con emociones tan expuestas, cualquier resultado puede desatar un ataque violento contra grupos enemigos, policías o aficionados comunes. Los "barras bravas" ponen en riesgo su identidad al establecer el discurso de ser la hinchada más fiel o con más “aguante”. “La gran diferencia es que nosotros somos hinchas de un gran equipo, de un equipo glorioso, de un equipo lleno de éxitos, el único bi-tri campeón. Y ellos (otras barras organizadas) llegar a tener el sentimiento que nosotros sentimos, bien difícil”, expresa Carlos Ribadeneira, un hombre adulto con familia que se identifica con la Marea Roja. Al encontrarse con un grupo que asegura ser lo mismo que ellos, la violencia se convierte en el camino para demostrar quien es quien y cuanto se puede sacrificar.

 

Todos los ‘barras’ juegan a batallar y hablan de ir a guerra con quien se atreva a competir con el equipo al que apoyan. Los cánticos son gritos de guerra, las banderas son estandartes, la unión es la fuerza y el gol es la estocada o el puñal para decidir quien es el más fuerte. Un componente de esta marcada identidad es el simbolismo como camisetas, banderas, bombos, afiches. Elvis describe un poco la historia de la Sur Oscura: “el nombre es sur de la general sur y, oscura por la realidad del rockero, se escuchaba un buen rock.” Esta identidad del seguidor no se define solo por el color de la camiseta, sino también por el territorio, el estigma de sus adversarios; lo que se debe ser y lo que no. “Cuando vamos al estadio de Liga (de Quito) salimos caminando. Cosa que los manes (otros) no hacen (en el Monumental). Les hemos corrido en su casa, les hemos hecho huevadas (sic). (Una vez) abrimos las puertas de la general para que salgan a pelear y no salieron. Es como que eso, te da poder pues loco. Al fin y al cabo te da ese poder oscuro que reina en nosotros”, replica Jimmy.

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Las barras bravas hicieron su aparición en el fútbol nacional hace más de una década. Los medios se sirvieron de la “pasión del hincha” cuando esta parecía inofensiva con los extintores, gritos e instrumentos musicales. Hoy sería tonto ser tan inocente. En el presente ya no existen canales de TV que graben a los “violentos” o “desadaptados” que dañan al fútbol.

 

Pelear es poder

Las peleas son el eje central para el reconocimiento de poder, simbolismo y masculinidad. Los choques violentos ocurren luego o antes del partido, afuera del estadio o en una zona libre de policías. Es “el éxtasis de un barra brava, dejas de pensar y solo actuas, y tienes tanto acompañante atrás que puedes hacer lo inimaginable loco. Puedes destruir estadios, buses, casas, carros, familias...”, revela Elvis. Al “Ser Sur Oscura perteneces a un ideal y a un ritmo tan extremo, a otro voltaje, que llega a ser parte de tu vida”, concluye quien tiene más de 10 años en la barra.

Ellos mismos reconocen un límite cada vez más borroso sobre las peleas. “Son justificadas hasta cierto punto. Es que muchas veces tú vas al estadio, sales tranquilo y te abordan los otros 'barras' y tú tienes que defenderte, es tú vida, si ellos te atacan, tú no vas a quedar sin defenderte”, confiesa “Michu”, miembro antiguo de la barra brava identificada con El Nacional.

 

Policia 'La tercera barra'

En estos encuentros también toma parte la policía. “La violencia nosotros no la generamos por locos, si peleamos es por algo. Peleamos con la policía porque ellos nos dan represión policial, a mujeres y niños les pegan. (…) La violencia solo, simplemente sucede”, justifica “Gabo”, un menor de edad parte de Marea Roja.

 

Elvis, por su lado, revela la cruda realidad de lo que se vive en la ‘popular’. “Es un ambiente tan nocivo para la humanidad, que ya la policía solo tiene que rechazar, ósea agredir en el sentido de despachar, loco.” El teniente-coronel Jorge Cevallos, jefe de operaciones en lugares públicos en el norte de Quito, señala que el objetivo de los agentes “es aislar a este grupo de personas que ponen en riesgo la vida de ellos mismos y la del resto”. Hoy el papel de la seguridad está pensada en operaciones completas. El resguardo policial es desde horas antes que los aficionados se acercan al recinto deportivo.

Por Ricardo Meneses.

A pesar de los malos resultados, los que forman parte de la Marea Roja, hinchada identificada con El Nacional (ECU) alientan todos los partidos desde las gradas. 

(Ricardo Meneses)

Quito - Ecuador

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