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Muchos jóvenes llegan al estadio y se sitúan cerca de la 'barra'. La mayoría son menores de edad y van rodeando al grupo central que tienen bombos, trompetas y banderas. Los del centro son los barras bravas, conocidos y desconocidos por todos. El sobrenombre lo saben todos y el que no lo sabe se entera, de buena o mala manera. El fenómeno de las barras organizadas ha crecido como la espuma de cerveza que ingieren en las gradas, ya no solo en los estadios sino en las calles de todo el Ecuador.

 

Era sábado 11 y 30 AM y me dispuse a preguntar por Esteven, un joven de 18 años que decidió “acolitarme en lo de periodista” cuando le dije que soy hincha de El Nacional, al igual que él. Lo encontré en medio de la multitud, con su voz ronca, una chompa roja y los ojos inyectados de sangre. “¡Qué dice loco! ¿vas a entrar? ¿cómo te va en la nota?” me preguntó al verme. Yo pensé que tendría que presentarme de nuevo porque hay tantos hinchas, tantas caras que deben ver como integrantes de la “Marea”.

 

El partido era contra Universidad Católica. Desde el punto de vista de los barras bravas, era un partido aburrido. Los de la Católica tienen una afición muy pequeña y la mayoría son personas adultas que van a sentarse y vivir tranquilamente el espectáculo, diferente al ambiente de “Carnaval” que pretenden armar los integrantes de la Marea Roja en la general sur.

 

“Con los hinchas de Nacional sucede algo interesante todos los partidos. Los chicos se ponen a pedir dinero a la gente en las boleterías”, indica el capitán de la policía Diego Ganchala. Pero no solo son los hinchas del “rojo” los que se apoyan financieramente de está forma sino la mayoría de barras organizadas.

 

De vuelta a las afueras del estadio, la situación empezó a ponerse tensa. Faltaban cerca de 10 minutos para el inicio del partido y muchos de la barra brava no tenían el dinero para comprar la entrada. La policía, mientras tanto, empezó a acordonar la zona de las boleterías. Cada vez más agentes rodeaban el área donde pedían dinero Esteven y compañía.

 

“No me dejan pasar”, vino a contarnos 'Carita Feliz'. En ese momento, empece a seguirles. Iban de puerta en puerta tratando de pasar desapercibidos. Bajando la mirada, solo entregaban la entrada, pero apenas los policías los reconocían iban a parar afuera.

 

“Tú no puedes pasar”, “¿Te vas a portar bien?” les decían a algunos que ya decidieron rogar a los agentes de seguridad. Ya a las 12 y 15 PM, cuando el partido había empezado, me reuní con ellos y terminamos sentados en una de las gradas afuera del Olímpico Atahualpa.

 

Desde entonces empezó un partido como nunca lo he vivido. Otra parte del fútbol que nadie ve, nadie escucha. Pero cuando ocurre un acto de violencia del fútbol, todos ven, todos escuchan y son víctimas del fenómeno de las barras bravas.

 

Las anécdotas iban y venían. Sobre los viajes y las peleas con las hinchadas. Entre tantas aventuras mencionaron la última vez que fueron a Guayaquil al Monumental de Barcelona (28 de septiembre de 2013). “Eso si estuvo tragedia porque en la boletería, llegamos, y habían unos manes (…) entre ellos algunos metidos de la Sur Oscura, unos manes bravos.”, recuerda 'Carita Feliz'. Aquella vez dicen haber tenido policías acompañándolos para ingresar al estadio, algo que no sucedió y la Marea Roja entró sola. “La batalla campal, maricón, la lluvia de piedras. Eran 300 monos lanzándonos piedras ahí afuera de la boletería”, agregó Esteven.

Lo que nadie ve en un partido

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Por Ricardo Meneses.

Las banderas, bombos y accesorios que lucen las barras bravas mientras apoyan a su equipo son sus trofeos de guerra. (Ricardo Meneses)

"Nosotros no tenemos códigos".
 
Esteven Villamaría, miembro de Marea Roja.

Con el espíritu resignado por no ver a su equipo y con el poco dinero que consiguieron luego de vender la entrada, compraron snacks para picar y encendieron su pipa con marihuana. Desde afuera escuchábamos los cánticos a favor de El Nacional. Esteven preguntaba a cada rato cuánto iban, cuánto falta.

La conversación siguió con las peleas. Contra quien y en donde se han enfrentado. Los enemigos de turno, pero que se convierten en los de siempre: Deportivo Quito, Liga, Emelec, Barcelona. En mi ingenuo pensamiento, tenía la idea de que las barras organizadas se guiaban, al menos en ciertos momentos, por códigos. Así como los piratas en épocas antiguas. Ese tema resulta más parecido de lo que suena. “Nosotros no tenemos códigos”, expone Esteven. “La nota es sobrevivir”, completa 'Carita Feliz'. 

 

Ya era cerca de la 1 PM. El segundo tiempo ya había empezado y el partido seguía empatado. Tres integrantes más de la Marea Roja se unieron y comentaron lo que les sucedió con la policía y como les negaron la entrada. Los agentes del orden fueron el siguiente tema. Al final, los gendarmes se convierten en la “tercera barra” porque son con quienes se libera tanta pasión y violencia en el accionar de las barras bravas.

 

Un grito de gol salió del estadio. Enseguida me consultaron de quién fue pues era el único con celular con acceso a redes sociales. La Universidad Católica había marcado y le ganaba al equipo militar. En aquella época, la situación de El Nacional era crítica por el descenso. Minutos antes de que se acabe el encuentro abrieron las puertas. Ingresamos, el grupo se dispersó y me quede con Nacho que parecía haber vivido demasiado desde la tribuna. La hinchada de El Nacional se retiró, cabisbaja, los de la Marea Roja seguirían después su festejo propio, quizá en un bar o en la calle.

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